Me ocurrió algo peculiar. Una colega, Liliana, me habló con un brillo especial en los ojos de un libro que desconocía: “La arquitectriz”, de Melania Mazzucco. No usó demasiadas palabras; bastó su entusiasmo para que comprendiera que allí había algo más que una recomendación. Salí casi corriendo hacia la librería, como quien sigue un presentimiento.


































