Todo comenzó hace cien años, en 1922, con la donación a la provincia de un edificio que debía destinarse a un museo de bellas artes que incluyera una biblioteca. Esa fue la condición establecida por el donante, Dr. Martín Rodríguez Galisteo, con el agregado de que el nombre que se le diera a la institución a crearse, debía ser el de su madre: "Rosa Galisteo de Rodríguez". Para darle mayor volumen a su manifiesta voluntad, el donante sumó al importante edificio neoclásico que transfería al Estado provincial, un conjunto de cuadros comprados durante sus viajes a Europa. Pero a la vez, con la vista puesta en el futuro, proponía que, en adelante, la institución debía promover el arte de los argentinos y que, en ese sentido, el gobierno debía asignar un monto anual de dinero para la adquisición de obras de artistas del país.

































