Sucesivas biografías precedentes, desconocidas trayectorias previas, transitaron la vida con ciertos gestos, ideas, resentimientos, mandatos, traumas, creencias y prejuicios, que pasaron a sus hijos y luego a los nietos y después a los hijos de éstos, ignorando –cada uno de ellos- el origen y creyéndose únicos poseedores de aquello. Los antepasados dejan surcos en el camino transitado que quizás inclinen hacia cierto lado el andar de su descendencia. Sin llegar a definir rumbos ni destinos de modo inexorable, legan un peso difícil de evitar e incómodo de sostener.

































