Huelga señalar que toda propuesta de diálogo tiene como presupuesto necesario el reconocimiento del Otro en su diferencia y su igualdad conmigo. Sin esta condición, no hay diálogo posible. “Los otros - los que no piensan igual que nosotros, los que tienen otras creencias o ideologías - nos complementan y enriquecen”, se lee en la página web del IDI, palabras de clara inspiración en el Papa Francisco. Pues bien, en hebreo “completo” (shalem) y “paz” (shalom) tienen la misma raíz, porque los seres humanos no podemos ser en aislamiento, nos necesitamos entre todos. Jorge Bergoglio no sólo ha pensado y obrado así, ha llegado a escribir un libro junto con el rabino Skorka, “Sobre el Cielo y la Tierra” y ha dado pie para la institucionalización de la idea del diálogo fraterno a través del IDI. Así, el vínculo creado entre los hombres reales, concretos, tiene la vocación de perdurar, de ser semilla que cae en la generación siguiente para crecer y florecer más allá de quienes la sembraron.