M. Alejandrina Argüelles
M. Alejandrina Argüelles
Lo primero que debo decir es que me dio una esperanzada alegría cuando leí en el diario que algunas organizaciones se preocupaban por el Palomar y las palomas. Más aún cuando leo ahora que la Municipalidad encara obras de saneamiento.
Pero tengo preguntas, inquietudes que espero me las puedan aclarar.
La primera y más importante: ¿por qué seguir obligando a las palomas a vivir en casa de cemento con techo y piso y con puerta cerrada al anochecer? Resulta que todo bicho que se encuentre maltratado o en poder de un particular debe ser devuelto a su ámbito natural. Perfecto. ¿Y por qué no las palomas? ¿No es hora de llevarlas (de a poco, con los protocolos ambientalistas necesarios) a una reserva natural?
El Palomar es fruto de otras épocas y hoy ya sabemos que es una crueldad innecesaria tener a esas aves encerradas en una casa artificial sólo para una relativa diversión humana, o sea para que el público, los chicos, las vean de lejos, que es lo que están aconsejando. Y está bien que lo aconsejen puesto que "la estrecha interacción entre hombres y animales propicia la diseminación de la zoonosis" según la OMS. Y vamos a obviar la lista de enfermedades que se pueden diseminar.
Entonces tenemos un doble perjuicio con dejar las palomas en pleno centro: para los animales y para los seres humanos.
Es realmente loable que la Municipalidad se ocupe del tema, pero sería interesante que se vaya pensando en llevar las aves a lugares apropiados para que hagan sus nidos en los árboles, coman lo que les da la naturaleza en vez de galletitas y cosas así, puedan procrearse y vivir en el medio que les es propio y al que tienen derecho al igual que otros animales rescatados. Y esa construcción, el Palomar, puede tener muchos otros usos, como oficina de turismo o lo que sea.
En la nota de El Litoral se dice asimismo que el guano es uno de los mayores contaminantes. Y es claro, lo lleva el viento o cae en el piso, en las veredas, en fachadas y autos. No son los lugares adecuados, una vez más. Las pobres aves no tienen la culpa, buscan incluso lugares para anidar como balcones, macetas, campanarios, torres. Y a su vez los humanos tratan de proteger esos sitios con diversos cerramientos, cuando es posible.
Dejando en claro que lo primordial sería devolver las aves a su hábitat natural, y en tanto eso se resuelva y se lleve a cabo, desde la Municipalidad acertadamente aconsejan no darles de comer a las palomas y tampoco procurarles agua para beber.
Sería excelente que el público tuviera actitudes de higiene, de compromiso ciudadano, de convivencia… . ¿alguien cree que por un simple consejo el público va a hacer lo correcto en tal sentido? Basta mirar las bocas de tormenta tapadas con plásticos de todo tipo, las botellas de gaseosas tiradas por doquier, las deposiciones de mascotas de variado tamaño, los charcos de agua del lavado de autos que se hace en cualquier parte y muchas veces usando canillas públicas y de uso para incendios, las cantidades de basura que se retira de las playas y del agua de la laguna. Y los caños y bebederos rotos justamente por los visitantes del Palomar.
Habría que empezar por esa educación ciudadana. Con basureros por toda la ciudad y con mucha insistencia, incluso con multas como se ha hecho en países cuya pulcritud y en general conducta cívica admiramos. Que no sólo el mal estacionamiento es una conducta punible.
Mientras tanto, ¡palomitas a volar!
El Palomar es fruto de otras épocas y hoy ya sabemos que es una crueldad innecesaria tener a esas aves encerradas en una casa artificial sólo para una relativa diversión humana.
Sería excelente que el público tuviera actitudes de higiene, de compromiso ciudadano, de convivencia...¿alguien cree que por un simple consejo el público va a hacer lo correcto en tal sentido?




