No hay en el mundo, podríamos creer, nada que no se haya dicho todavía. Pero, sobre todo, nada que no esté indicado. Nada que no grite "esto es así", "esto es de otra manera". Vivimos en un mundo en el que cada cosa lleva pegada al dorso su instrucción y su contrainstrucción, su contenido y su valor, su relevancia. Todo está recubierto de un estampado que, sospechosamente, garantiza protección. Que vende certidumbres desde el envoltorio. Que pide materia a cambio de promesas.































