Morin oferta su receta de la primera línea de defensa ante la avalancha general. El hombre, claro está, como individuo, obvio. Morin dice: "La primera y fundamental resistencia es la del espíritu. Significa resistir a la intimidación de toda mentira dicha como verdad y al contagio de toda intoxicación colectiva. Es no ceder jamás a la ilusión de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Significa resistir al odio y al desprecio. Exige preocuparse por comprender la complejidad de los problemas y los fenómenos en lugar de ceder a una visión parcial o unilateral. Requiere investigación, verificación de la información y aceptación de las incertidumbres y actuar a favor de las fuerzas de unión, fraternidad, vida y amor que podemos concebir como Eros, frente a las fuerzas de dislocación, desintegración, conflicto y muerte que podemos concebir como Polemos y Thanatos".