En un giro inesperado, un ataque cibernético desactiva arsenales nucleares en todo el mundo. La paz parece al alcance, pero un despertar devuelve la cruda realidad.

Donald Trump estaba solo en su despacho del Salón Oval. La jornada de labor concluía y nada hacía presagiar que la rutina se vería alterada. Sin embargo, sorpresivamente, el "teléfono rojo", línea directa con Moscú y reservado para atender asuntos de extremo riesgo nuclear, sonó irritado. Casi insolente.
En cuestión de segundos, el semblante del mandatario, hasta entonces distendido, se crispó. La corbata, prolijamente ubicada, abandonó su compostura y el primer botón de su camisa dejó de estacionarse en el ojal de siempre.
Levantó el auricular y, del otro lado, Vladímir Putin, en un mal inglés, le informaba que sus misiles y bombas habían sido hackeados. Más que eso: inhibidos por completo. Le sugirió que verificara si una situación similar afectaba su sistema de armas.
Con rapidez, el jefe del Estado Mayor Conjunto confirmó que la red defensiva norteamericana también había colapsado. Para su consuelo, el fenómeno incluía a países europeos, con potencial atómico, y a China, Corea del Norte e Irán que, con similar poderío, no habían podido zafar de tan insólita circunstancia.
De inmediato, la prensa mundial se hizo eco de un ataque solapado e inédito. Habían trascendido sus efectos pero se ignoraban, aún, los causantes. Ucrania, India y Pakistán, entre otros polos beligerantes, desactivaron sus arsenales porque carecían de insumos. Mágicamente, sus territorios aparecieron envueltos en una inmensa bandera blanca.
Cuando el júbilo crecía y un esperanzando futuro asomaba, un despertador altanero sonó como de costumbre, a las 7 de la mañana, en el hogar de alguien que, a partir de ese momento, volvía a su realidad cotidiana y veía fracasar un sueño forjado entre sábanas.
Sus datos de filiación poco importan. Tal vez sea mejor que no trasciendan para evitarle figurar con el nuevo apellido que logró granjearse: Iluso. Por un breve lapso, fantaseó -y creyó cierto- lo que tantas veces, con los ojos bien abiertos, había anhelado: un mundo sin guerras.
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¡Oh ciudad predestinada! La del nombre perfumado de azahares, rumorosa de vertientes y de acequias. Legendaria. Sobre el fondo vegetal del Aconquija, en la teja colonial de tus aleros y en tus goznes, tus barrotes, tus ventanas, a despecho de los años, tu arquitectura se conserva casi intacta. Guardas, incólume, un maravilloso pasado de epopeyas. Mantienes ecos de los ecos que dejaran célebres palabras. Preservas nombres sacrosantos, sueños y esperanzas.
Eres cofre prodigioso y símbolo de un pueblo. ¡Soberana! Cuidas, celosa, una estirpe que se abre hacia los cuatro rumbos de la Patria. Y eres altar donde el 9 de julio de 1816, hace doscientos diez años años, toda la fe ciudadana, hecha voz ominipotente, la libertad proclamara. San Miguel de Tucumán: ¡Oh ciudad celeste y blanca!
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¿Quién dijo que Cabo Verde era un partido fácil? Cuando un comentarista deportivo se deja llevar por el fanatismo, su análisis queda desvirtuado. El periodista Daniel Fava llegó a decir -antes del evento- que "Cabo Verde no existe como selección", que Argentina es "cien veces mejor" y que era un conjunto "casi amateur" al que había que "aniquilar sin inconvenientes".
Cuánta razón tenía Lionel Scaloni, quien en conferencia de prensa dio un mensaje contundente de cautela: "Son un buen equipo, no están ahí de casualidad y hay que respetarlos".
El director técnico recordó que llegaron a la instancia eliminatoria invictos en su grupo, tras empatar con España, Uruguay y Arabia Saudita. Moraleja: hay que escuchar a los que verdaderamente estudian el juego (Scaloni) y no a los que subestiman al rival desde un micrófono (¿Vale la pena repetir su nombre?).
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Todos los años, cada 27 de junio, se festeja en la provincia de San Juan el Día Nacional de la Tejedora. Es en honor al natalicio de Doña Paula Albarracín, la madre de Domingo Faustino Sarmiento, en 1774.
Este año autoridades, docentes, alumnos, y más de quinientas tejedoras tuvieron la magnífica idea de realizar el tejido de mantas que después del receso de julio serán entregadas en escuelas alejadas de la capital para los más necesitados.
Una docente de Calingasta, Paola González, que mantiene esta costumbre hace una década, propagó la iniciativa a toda la provincia y ante su convocatoria cientos de escuelas y vecinos contribuyeron con cuadrados de lana de 20 centímetros tejidos al crochet con los que se confeccionaron esas mantas.
Con la inmensa ternura y admiración que sentía por su mamá, escribe Sarmiento en su libro "Recuerdos de provincia":
"(...) Debajo de una de las higueras que había heredado en el sitio, estableció su telar y desde allí, yendo y viniendo la lanzadera asistía a los peones que edificaban la casita y el sábado, vendida la tela hecha en la semana, pagaba a los artífices con el fruto de su trabajo".
El recuerdo de doña Paula es el de una mujer trabajadora como tantas argentinas lo hacen en el presente para el sustento familiar y ha servido para unir a la comunidad sanjuanina en la ayuda de los que más necesitan.
La suma de los esfuerzos individuales para el bien común pueden parecer pequeños pero son los que unen y logran cambios significativos en una sociedad. Y lo más importante, tratándose de un Día de reconocimiento nacional y ante la crudeza del invierno se convierte en un buen ejemplo para imitar en todo el país. Deberíamos intentarlo.
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"No te des por vencido, ni aun vencido/ no te sientas esclavo, ni aun esclavo,/ trémulo de pavor, piénsate bravo,/ y arremete feroz, ya mal herido (...)", resuenan los versos de Almafuerte. Unión, honor, fe, todo lo que sabe cada uno puesto al servicio de los demás, del bien común, empujando con el corazón, sin excepción.
Por supuesto que hay un líder... virtuoso, honesto, un capitán querido y cuidado por sus compañeros. Y el logro es absolutamente del conjunto con el mejor de la historia. Ojalá podamos levantar otra vez la copa. Pero aún falta mucho camino por delante.
¿Sin embargo, saben algo? Lo que importa es que ahora, ya, sin equivocarnos, podemos afirmar que estos muchachos de la selección argentina nos representan. Representan la mejor identidad de lo que podemos llegar a ser cuando un día, un luminoso día, el hermoso país que nos cobija siga el ejemplo. Otra vez, como siempre: ¡Gracias muchachos!
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