- Este libro es una recopilación imperfecta, dado que es una recopilación, y como toda recopilación, implica un proceso de selección que no evita que algo quede afuera. Sin embargo, lo encuentro una suerte de declaración jurada de buenas intenciones poéticas. En estas páginas hay períodos de mi vida que me hubiera gustado omitir, pero que los acepto por honradez intelectual, porque son parte de mi "línea de tiempo". Hace apenas diez años que comencé a acercarme a mi voz poética. Hube de bucear entre los materiales que me parecieron rescatables de todo este período y que, seguramente, ya no volveré a rever. Si pensara en términos rilkeanos, diría que aquí faltan las "Elegías de Duino". Es decir, una idea que amalgame todas las ideas de mis libros anteriores. Ahora bien, no hubiera podido dejar de lado ciertos poemarios, como el que refiere a mi propia experiencia de la dictadura, que es "Remanso Valerio", o el que recoge una parte de mi vida que ha estado muy próxima a la cultura asiática, como se puede leer en "Tinta China". Sin embargo, no puedo hablar como alguien que ha llegado a ningún lado, ya que la poesía es un camino, no un fin. No es una aspiración a la eternidad, ni a un hermoso entierro, ni siquiera a la fama. Creo que no hay adónde llegar, que la vida misma es una consagración a una búsqueda que no tiene final. ¿Cómo podría cerrarse una obra? El poeta siempre está reescribiendo un largo poema interminable.