En 1850 se publican dos célebres obras de Domingo Faustino Sarmiento: "Argirópolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata" y "Recuerdos de Provincia". La primera, como bien lo expresa su autor, es una propuesta:
Con una evocación nostálgica, Domingo Faustino Sarmiento narra cómo las ideas modernas transformaron su hogar familiar, reflejando el cambio social en el siglo XIX argentino.

En 1850 se publican dos célebres obras de Domingo Faustino Sarmiento: "Argirópolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata" y "Recuerdos de Provincia". La primera, como bien lo expresa su autor, es una propuesta:
"(...) para la solución de las dificultades que embarazan la pacificación permanente del Río de la Plata por medio de la convocación de un congreso y la creación de una capital en la Isla de Martín García, de cuya posesión (hoy en poder de Francia) depende la libre navegación de los ríos y la independencia desarrollada y la libertad del Paraguay, Uruguay y Provincias argentinas del litoral".
En la segunda de estas obras, recupera la memoria de su familia y de sus años de infancia y primera juventud como prólogo a su vida pública signada por los acontecimientos de la historia de la República. "A mi progenie, me sucedo yo". No se puede negar que Sarmiento es uno de los protagonistas más importantes de la historia nacional a lo largo de todo el siglo XIX.
Nace en febrero de 1811, en el pleno fervor de Mayo y de las luchas por la independencia, participa fervorosamente dentro y fuera del territorio en todo el periodo rosista, inscribe en la historia la campaña contra Juan Manuel de Rosas, el triunfo de Caseros y todo el periodo de la organización nacional hasta su muerte en 1888.
Todo ello en un contexto sociohistórico que transitó desde un espíritu antihispánico y anticolonial hasta la puesta en marcha de las nuevas ideas de orden y progreso.
Él mismo es uno de los artífices y propagadores de esa "transición lenta i penosa de un modo de ser a otro (…) en esta pobre América del sur, agitándose en su nada, haciendo esfuerzos supremos por desplegar las alas, i lacerándose a cada tentativa contra los hierros de la jaula que la retiene encadenada", como lo expresa en "Recuerdos de Provincia".
A la luz de los años, la experiencia, los avatares de su vida y sus estudios, la recuperación de la memoria de su familia, muestra las consonancias con la historia argentina y el devenir de las nuevas ideas. En el capítulo "El hogar paterno", Sarmiento describe con detalles el humilde hogar, la casa que se levantaba en el barrio del Carrascal (ciudad de San Juan) en un terreno propiedad de su madre.
La casa, "cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar la construcción", contaba con una habitación dividida en dos departamentos: el dormitorio de los padres y la sala de recibo con tarima y almohadones, siguiendo las tradiciones árabes que conservaron los españoles.
En la sala, lucían dos cuadros al óleo, uno de Santo Domingo y el otro de San Vicente Ferrer, de "devotísimo" pincel. Cerca de la puerta de entrada, se encontraban la "patriarcal" higuera y el telar de su madre, íconos inseparables del universo sarmientino. La descripción es minuciosa en detalles y consideraciones de valor, no exenta de humor afectuoso y una fina ironía.
El reducido y austero espacio de su hogar, en una geografía árida y abrasada por el sol, fue el escenario doméstico donde se enfrentaron las viejas ideas coloniales con las nuevas de modernización y progreso herederas de la Revolución Francesa, generando un verdadero drama familiar. Sarmiento relata, con cierta nostalgia, el momento en que sus hermanas decidieron modernizar la casa:
"Nuestra habitación permaneció tal como la he descrito, hasta el momento en que mis dos hermanas mayores llegaron a la edad núbil, que entonces hubo una revolución interior que costó dos años de debates, i a mi madre gruesas lágrimas al dejarse vencer por un mundo nuevo de ideas, hábitos i gustos que no eran aquellos de la existencia colonial de que ella era el último i más acabado tipo".
Las "impiadosas" nuevas ideas del siglo XVIII entraron en la sencilla casa de adobe a través de sus dos hermanas mayores, estimuladas por la necesidad de vincularse socialmente según los cánones más modernos de la belleza y el confort.
A sus más de 60 años, doña Paula hubo de resignarse a adoptar el uso de una alfombra para suplir la falta de tarima y almohadones donde se desarrollaban las actividades de la casa. Después de largas deliberaciones y discusiones, los retratos de los santos fueron quitados de la sala y ubicados en el dormitorio.
En los párrafos que relatan estos hechos, Sarmiento inserta sus conocimientos sobre las bellas artes adquiridos a través de los viajes y el estudio destacando la relación epistolar con una de sus hermanas acerca de estos temas. Y aunque explicita que no intervino en la disputa familiar, narra sin embargo con franco sentimiento la derrota de su madre, no exenta de una leve ironía.
"Mis santos estaban ya alojados en el dormitorio, y a juzgar por sus caras no les había hecho impresión ninguna el desaire. Mi madre se hincó llorando en presencia de ellos, para pedirles perdón con sus oraciones, permaneció de mal humor y quejumbrosa todo el día, triste el subsiguiente, más resignada al otro día, hasta que el fin el tiempo i el hábito trajeron el bálsamo que nos hace tolerables las más grandes desgracias".
Más tarde el brío del nuevo espíritu reformista de sus hermanas recayó sobre la higuera, a cuya sombra la madre mantuvo la casa y alimentó a los hijos con sus tejidos. Por dos años se discutió la sentencia a muerte de la higuera. Y un día, a despecho del dolor que ese acto causaría al corazón de doña Paula, el golpe seco del hacha cayó sobre el añoso tronco.
"Los golpes del hacha higuericida sacudieron también el corazón de mi madre, las lágrimas asomaron a sus ojos, como la savia del árbol que se derramaba por la herida, i sus llantos respondieron al estremecimiento de las hojas; cada nuevo golpe traía un nuevo estallido de dolor, i mis hermanas i yo arrepentidos de haber causado pena tan sentida nos deshicimos en llanto, única reparación posible del daño comenzado".
Sin embargo, ante la tristeza de la madre, conservaron un retoño que dio lugar a la higuera que se conserva actualmente.
"Recuerdos de Provincia", una de las obras más entrañables de Sarmiento, es la evocación afectuosa de, como él mismo lo presenta:
"la memoria de mis deudos que merecieron bien de la patria, subieron alto en la jerarquía de la iglesia i honraron con sus trabajos las letras americanas; he querido apegarme a mi provincia, al humilde hogar en que he nacido (…) los sentimientos morales nobles i delicados existen en mí por lo que gozo en encontrarlos en torno mío, en los que me precedieron, en mi madre, mis maestros i mis amigos".
Como el autor la define, es la "nobleza democrática" fundada en el patriotismo y el talento.




