La crisis sanitaria global no solo modificó nuestros hábitos cotidianos; también alteró profundamente la manera en que concebimos la salud, el cuidado y la relación entre las personas y las instituciones médicas. Aquello que durante décadas entendimos como hospital —una estructura física, sólida y delimitada— comenzó a transformarse en algo mucho más flexible, dinámico y expandido. El hospital dejó de ser únicamente un edificio. Hoy es también red, conexión, flujo de información y acompañamiento permanente. Se volvió líquido.

































