Nos acercamos al vigésimo aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II. El 2 de abril de 2005 partía de este mundo, a la casa del Señor, un hombre realmente extraordinario, un verdadero Mensajero de Dios. La fecha de su fallecimiento nos motiva para alabar a Dios por su pontificado, por guiar a la Iglesia durante los veintiséis turbulentos años de la historia del siglo XX y XXI, por su inmenso aporte a la evangelización y a la creación de la civilización del amor, pero también nos motiva a profundizar su pensamiento y a reconocer su grandeza.


































