En todos los casos, aun en los contemporáneos de Isis, hay un procedimiento, una ritualidad, un motivo -provocar terror político o religioso- expresivos de la gravedad de la muerte. Pero lo de Manaos es muy distinto. Así lo expone la forma chambona y festiva de matar, las ejecuciones entre risotadas, los desmembramientos juguetones, los comentarios jocosos de la brutal platea que observa y filma desde los techos la banalidad del mal llevada al extremo. Es abrumador observar semejante vaciamiento de la naturaleza humana, máxime cuando dista de ser un regreso al pasado sino una absoluta degradación del presente, que pone al futuro entre signos de interrogación.