Así, por ejemplo, Francisco mencionaba que hay que ser pacientes, lentos para la ira; tener actitudes de servicio, para hacer el bien al otro; sanar las envidias y los celos, porque hacen que la persona se centre demasiado en sí mismo; no alardear ni agrandarse, porque atenta contra el amor humilde y desinteresado; tener amabilidad, para ver más allá de los límites del otro y superar las diferencias; ser desprendidos, generosos sin esperar nada a cambio; no tener violencia interior, es decir no reaccionar con ira o indignación ante molestias que nos ocasionen; perdonar y no ser rencorosos, mirándonos a nosotros mismos en primer lugar; alegrarse con los demás; perdonar todo, guardando silencio ante las limitaciones del otro; confiar, dejando en libertad al otro; esperar, pensando que el otro puede cambiar y aceptando que no todo es como se desea; soportar todo, aceptando con espíritu positivo todas las contrariedades.