Insisto: en muchos casos, lo "políticamente correcto" depende del ojo con que se mire. Volver al pasado para "corregirlo" no es gratis. Transfigura ese pasado y nuestro presente: ¡nos transfigura! El que ha entendido a la perfección este juego es Finn Garner en su libro: "Cuentos infantiles políticamente correctos". Allí parodia a los "lectores de sensibilidad" y, en tal dirección, corrige los clásicos hasta reinventarlos. En la introducción de su obra, responde con ironía y más literatura a los obsesivos emprolijadores de nuestra herencia cultural: "No cabe duda de que, cuando fueron originalmente escritos, los cuentos en los que se basan las siguientes historias cumplían con una función determinada, consistente en afianzar el patriarcado, distraer a las personas de sus impulsos naturales, 'demonizar' el 'mal' y 'recompensar' el 'bien' 'objetivo'. Por más que lo deseemos, no es justo culpar a los Hermanos Grimm de su insensibilidad ante los problemas de la mujer, las culturas minoritarias y el entorno natural. Del mismo modo, debemos comprender que en la farisaica Copenhague de Hans Christian Andersen apenas cabía esperar simpatía alguna por los derechos inalienables de toda sirena. Hoy en día, tenemos la oportunidad -y la obligación- de replantearnos estos cuentos 'clásicos' de tal modo que reflejen la ilustración de la época en que vivimos, y tal ha sido mi propósito al redactar esta humilde obra. Si bien su título original -"Cuentos de Hadas de la Era Moderna"- fue inmediatamente descartado por razones obvias (loor a mis editores por haber sabido señalar lo tendencioso de mis perspectivas heterosexuales), creo que se trata de una colección única en su género. Sin embargo, no es más que el comienzo: ciertos cuentos, tales como 'El patito que logró verse juzgado por sus propios méritos y no por su aspecto personal', se han visto eliminados por motivos de espacio".