"El caso Lerouge" (1866) ocupa un lugar decisivo en la historia del policial: no solo como antecedente, sino como fundación narrativa de una forma de contar el crimen que todavía hoy reconocemos. Con esta novela, Émile Gaboriau fija por primera vez un método, una arquitectura de la investigación y un ritmo de revelaciones que luego se volverán canónicos.

































