Siempre me llamaron la atención las manchas que tenía el bisabuelo en los brazos y las piernas. Eran demasiado blancas y resaltaban de una manera que no podía dejar de mirarlas. También le faltaban un par de dedos, pero eso no me generaba curiosidad porque era carpintero y seguramente se debía a algún accidente del oficio. Yo no me atrevía a preguntarle nada porque era un hombre muy sensible y no deseaba molestarlo, así que indagaba con cuidado al resto de los parientes para averiguar que era eso que le pasaba.

































