Por Ps. Lorena P. Aguirre Furlani (*)
Es importante poner en palabras lo que sentimos, sacar para afuera la angustia, el miedo, los recuerdos, la nostalgia, el dolor, lo que venga y lo que esta gran realidad surrealista ha empujado, cual ola de tsunami, adentro de nosotros.

Por Ps. Lorena P. Aguirre Furlani (*)
Esta pandemia se monta sobre varias “pandemias” anteriores: la pobreza, la ausencia de estado en las zonas marginales, enfermedades o problemáticas de salud olvidadas en la población y sobre una problemática fundamental: la salud mental.
Esta pandemia es viral pero también es del miedo y de la angustia frente a la incertidumbre. Es una pandemia también de salud mental. Se observan tantos efectos subjetivos, intersubjetivos y comunitarios que no podemos dejar de pensar esto.
¿Qué hace un psicoanalista o un profesional de la salud mental en este contexto? Pregunta que me ronda por la cabeza día a día, incesantemente. Reflexionemos un poco sobre el miedo.
El miedo
Existe un miedo real. Miedo real llamamos a que no es un miedo ilógico, irracional que no tenga que ver con la realidad. Este miedo que presenta la mayoría de las personas es un miedo real, el personal que trabaja se puede contagiar, está expuesto, muchas veces no tiene el material para desinfectarse y a su vez, se lo designa “esencial” a todos por igual cuando habría que hacer una diferenciación. ¿Qué es esencial en esta pandemia y cuáles serían los profesionales esenciales cuando se activa el protocolo de un Covid-19 positivo? Creo que es una pregunta que cada director y jefe de servicio debería responderse para proteger a su personal y no caer en la tentación de los narcisismos heroicos, que hoy son un riesgo. Porque hay que asumir que también se juegan muchos egos y narcisismos.
El miedo real es cuando tiene que ver con la realidad. Si ahora que usted está leyendo estas palabras, le entra un tigre por la ventana, usted tiene que sentir miedo y salir corriendo. Eso es un miedo real. Si usted no siente eso, no es saludable. Usted tiene que sentir miedo. Entonces, el coronavirus ha provocado miedo, y es natural que todos tengamos miedo. Asumamos este miedo, ya que este miedo, “no es sonso” como dice el dicho, porque es el que nos hace lavarnos las manos muchas veces por día y protegernos.
A este miedo real se le suman los miedos neuróticos, decimos nosotros los profesionales de salud mental. Los miedos neuróticos son aquellos miedos conocidos nuestros, antiguos, de nuestra historia subjetiva individual, eso que nos acompaña desde hace tiempo. Los que alguna vez transitaron alguna consulta de salud mental podrán detectarlo más rápido. Entonces, lo que ocurre es que a este gran miedo real se le suma el miedo neurótico, y ahí se arma la salsa picante.
Voy a usar la metáfora de la salsa picante porque me parece ilustrativa porque no te deja sentir ninguna otra cosa. El miedo real más el neurótico hace que la persona no pueda pensar, entender, o actuar con lo que científicamente esta testeado y comprobado, encima en esta situación desconocemos bastante el comportamiento del coronavirus. Entonces al miedo real se le sumó el miedo neurótico y junto a eso su vida psíquica entera.
El miedo neurótico es un síntoma, y como tal el síntoma es una síntesis, una construcción personal singular de cada sujeto. Un síntoma porta una historia, afectos, traumas, conflicto intrapsíquico, pertenecientes a la infancia o adolescencia, vivencias edípicas estructurales del sujeto. El síntoma porta la verdad del sujeto dice Freud. Entonces se puede entender que cuando hablamos de miedo neurótico estamos hablando de un miedo que conmociona la vida entera del sujeto. No puede mirar una película de Netflix, relajarse y aburrirse plácidamente cuando llega a su casa. No puede, porque ese miedo le inundó toda la cabeza y de ahí no hay salvavidas, ni bote que lo saque.
Por suerte, y ahí aparecemos en acción los profesionales de la salud mental, tirando los salvavidas, los botes, enseñamos a nadar, a bucear, a retener el aire, a esquivar el tiburón, y un gran etcétera. Pero para que este miedo neurótico junto al real pueda ser tratado y abordado pasan meses y no sé si años. Los que hemos hecho terapia sabemos que los miedos lleva tiempo trabajarlos.
Intervenciones de salud mental
Por eso cuando hablamos de intervenciones en salud mental hablamos de intervenciones donde circule la palabra. Es decir, el sujeto tiene que hacer hablar el síntoma, decimos nosotros. Hacer hablar el síntoma es saber que, hablar de uno mismo, de lo que nos pasa, por más tonto que sea, tiene que ver con ir trabajando ese miedo. A través de la palabra se puede ir encontrando la salida de este gran malestar y estrés que todo personal de la salud está inmerso.
Es muy importante poner en palabras lo que sentimos, sacar para afuera la angustia, el miedo, los recuerdos, la nostalgia, el dolor, lo que venga y lo que esta gran realidad surrealista ha empujado, cual ola de tsunami, adentro de nosotros. Es vital que circule la palabra en donde se pueda, en los espacios de trabajo, en la casa con los niños, con la pareja, con los amigos por teléfono, audios, etc.
Para que circule la palabra tiene que haber condiciones. Tiene que haber alguien que escuche y que no esté apurado. Y por el otro lado, tiene que haber alguien que esté dispuesto, sin urgencias, a dedicar ese tiempo a hablar de sí mismo y asumir que lleva tiempo y que cada palabra llena que salga hace un camino terapéutico, y que no es en vano.
Cuando en las indicaciones del Coronavirus se plantea aislamiento como prevención, aislamiento como tratamiento, aislamiento como medida de salud pública. Sería bueno plantear en términos de humanidad y de salud mental: es importante hablar de lo que nos pasa, generar espacios donde circule la palabra, si no hablamos y encima lo único que hacemos es ser receptores de la avalancha de información, estamos colapsando nuestra psiquis, estamos generando una situación de estrés diaria y activando todo el tiempo los miedos reales e irracionales.
Hay millones de recomendaciones de salud mental por todos lados en las redes. Empachados estamos de información que no contribuye a construir nuestro bienestar. La construcción de nuestro bienestar tiene que ver con tomar la palabra y comenzar a hablar de lo que sentimos y pensamos. Esto se puede hacer en un vínculo de confianza con un amigo, un familiar que nos entienda, o un profesional de salud mental. No es lo mismo hablar con el amigo que con el profesional, pero en tiempos de pandemia, sirve hablar.
Lo ideal es con un profesional ya que es quien sabe todo esto que reflexionamos en este escrito, pero si no se puede, podemos buscar otros caminos. Y estos otros caminos también son los bienes u objetos culturales, Maud Mannoni aconsejaba que cuando uno no puede ir al psicólogo puede leer muchas novelas. El proceso de introspección que cada sujeto pueda hacer es singular, algunos con un poema pueden entender algo de su vida, otros con una película. Michele Petit planteaba que los bienes culturales son esenciales para encontrarse a uno mismo, es ese mundo simbólico que nos aloja y nos hace entendernos, comprendernos, ser en el mundo.
Estamos frente a momentos históricos de la humanidad. Se observa en la mayoría de las personas una capacidad introspectiva, reflexiva ante su vida. Apostemos en estos tiempos a transitar esta realidad hablando, desarrollando nuestro mundo simbólico y espiritual. Los miedos son una pandemia también, usemos esa metáfora, para poder identificar también este problema ya que cuando uno no identifica el problema no puede solucionarlo.
Intervenciones de salud mental para las infancias y adolescencias
Es vital que los miedos sean elaborados por los padres o los adultos a cargo para que puedan así proteger a estos pequeños sujetos y no asustarlos. La palabra, el juego, el dibujo, la lectura son herramientas indispensables en la infancia y que podemos usar para estar y construir bienestar en la realidad familiar que cada uno tenga. Tomar un libro que al adulto le guste es clave porque uno le transmite al niño, niña o adolescente ese deseo por leer.
Hay que acompañarlos a los niños, necesitan de cuidado, de soporte para la construcción de su subjetividad. Estamos obligados a brindarles soporte para que transiten esta experiencia lo mejor posible. Ese soporte es conectarlos con lo lúdico y lo creativo, proponer tiempos sin urgencias ni exigencias, creando condiciones de producción subjetiva, que no tienen que ver con el paradigma capitalista. Lo productivo subjetivo tiene que ver con que le sirva a uno mismo y al otro.
Ni la enfermedad, ni la pandemia hacen creadoras a las personas. De ser así, las catástrofes producirían genios creativos, nos dice Michele Petit. Más bien, por lo contrario, lo creador es cierta forma de negarse a padecer. Así El padecimiento, la opresión, la necesidad dejan de ser circunstancias desdichadas para convertirse en oportunidades creadoras.
Esa puede ser la apuesta con nuestras infancias y adolescencias, con nosotros mismos y para la comunidad.
Para que circule la palabra tiene que haber condiciones. Tiene que haber alguien que escuche y que no esté apurado. Y por el otro lado, tiene que haber alguien que esté dispuesto, sin urgencias, a dedicar ese tiempo a hablar de sí mismo y asumir que lleva tiempo y que cada palabra llena que salga hace un camino terapéutico, y que no es en vano.
(*) Psicóloga Psicoanalista. Jefa Sector Salud Mental Hospital de Niños. Mgter. en salud comunitaria y gestión sanitaria. Docente de la Universidad Nacional del litoral. Escritora e ilustradora de literatura infantil.




