Una rápida recorrida por los votos de los presidentes, desde Raúl Alfonsín hasta Javier Milei, lleva a que todos han tenido un número importante (teniendo el 50% como eje) de los votos populares que consagran eso: un presidente, un titular del Ejecutivo en un país donde no hay, repito, no hay una tradición parlamentarista y, de hecho, no existe la serie de mecanismos que tornan las democracias presidencialistas en parlamentarias.

































