Una palabra es imán de la otra, dijo Julia Kristeva. Y ocurre frecuentemente con la lectura de un libro, que despierta ecos de lejanas memorias que creíamos perdidas. Eso me ocurrió leyendo "El italiano", novela de Arturo Pérez Reverte. El protagonista es veneciano y tiene "ojos del color de la hierba húmeda". Dice el autor: el verde de los ojos glaucos, "glaucopis", como los de Atenea (1). En la mitología griega, se creía que las personas poseedoras de ojos verdes eran poderosas. Posteriormente, en el medioevo europeo, se tenía el convencimiento que las personas con ojos verdes tenían capacidades sobrenaturales.



































