También la adolescencia es el momento privilegiado para jugar con la duplicidad de los roles (madre y padre, pero también figura parental y autoridad escolar, etc.) para transmitir que, dada una situación, no es con el joven que vamos a negociar el sentido de lo ocurrido, sino que lo hablaremos, luego, con otra persona adulta. Dicho de otra manera, es como si le dijésemos: "Entiendo que podés no estar de acuerdo con el sentido de lo que te digo, entonces lo voy a hablar con otra persona (tu padre, madre, escuela, etc.) y, luego, te diré qué es lo que pensamos".