"El oro vino del cielo" (*), quinto libro de Martín Armada, reúne una serie de poemas cuya escritura revela imágenes en estado de preguntas ramificantes. Arborescencias donde se omite más de lo que se indica. Ahí el arte de la elipsis, y la sutileza del poeta. Esa línea doble entre lo que puede ser y no ser. Como en las míticas fotografías de Eugène Atget, el campo descriptivo de su mirada excluye las idealizaciones. El resultado acredita un aura ambigua entre el sueño y el silencio de una extraña soledad metafísica. "La noche se derrumba / sobre campos mudos / mientras comemos / debajo de un foco de seda". Lirismo tenso, de mirada mental y sentimental, de economía expresiva y de una música que parece querer resistirse a ser música. Pero el lenguaje ha mantenido no sólo su identidad de acento sino un digno nivel de precisión.































