A mediados del pasado siglo, Theodor Adorno proclamó una frase que estaría destinada a figurar entre las más conocidas, citadas y discutidas de su obra: aquella que afirma -temerariamente- que escribir poesía luego de Auschwitz es un acto de barbarie. Diversas respuestas se han dado a esta cuestión, desde aquellas que acuerdan acríticamente, hasta las que aseguran que no sólo es posible la poesía luego del horror, sino que es necesaria, incluso imprescindible (el propio Adorno revisaría más adelante aquella afirmación); sin embargo sigue siendo válido preguntarse cómo transformar la muerte, el dolor, la tragedia -propia o no- en poesía, en arte, en pretensión de belleza.


































