En este escrito me gustaría recordar y plantear que vivimos en una Nación en la que en los últimos cincuenta años se empobreció una importante cantidad de ciudadanos, que muchos viven hacinados, indigentes, desnutridos, analfabetos, o sin los servicios indispensables mínimos para el resguardo de la dignidad de las personas, pero sus gobernantes se animan a hablar de los Derechos Humanos.


































