Contar, narrar, referir, leerles a los chicos, es como vacunarlos para que resistan embates de la vida diaria. No es real y tampoco cierto, que la niñez y luego la adolescencia sean etapas de la vida que trascurren en total felicidad y sin problemas. Ni antes, ni ahora. Y la literatura infantil y juvenil (la LIJ para sus amigos), tiene un valor inmenso en la formación de la persona que crece. Aún antes, son las canciones de cuna, un calmante, un somnífero, un adaptógeno ideal para calmar el berrinche, para el esquivo sueño que tarda en llegar. Incluso cantarle a la panza, logra efectos maravillosos para la madre y el bebé.


































