En la república romana nace la figura del dictador como una respuesta de la organización política para casos extremos como podía ser una convulsión interior, un ataque exterior o hasta el acecho de una plaga. En ese caso se echaba mano a esta magistratura extraordinaria que duraba o bien, un plazo definido, o hasta que desapareciese el peligro por el que fue nombrado. Se trataba de un estado de excepción.
































