Trasponer las puertas del Museo Ferroviario Regional es abrir un portal a más de una centuria atrás en el tiempo. Los objetos alineados a lo largo de las instalaciones reciben al visitante, cada cual con su rótulo, prolijamente encastrados cada uno en su lugar. El visitante recorre el añoso jardín de la Familia Hüme, tapizado por arbustos y césped, al cobijo de un jacarandá. En una de las salas se escucha el son rítmico de un martillo. Al asomarse, ve la figura de Paulino Vidaurrázaga, moldeando la base que será soporte de una pieza, la cual podrán disfrutar los escolares.




































