Casi las dos de la tarde del sábado. En las calles suenan bocinas sin cesar. El partido terminó a las nueve de la noche del viernes, y la celebración no termina. Conociendo a los muchachos, promete durar muchos días más. Un hincha de Unión, como tantos otros, intenta mantenerse ajeno al asunto. Pero no puede. Las bocinas recuerdan que acaba de ocurrir lo que muy pocos creían que fuera a ocurrir: que un equipo de Santa Fe ganara el campeonato nacional de fútbol, por primera vez en casi 120 años. No prender el televisor, no revisar los portales, no asomarse demasiado a las redes sociales no alcanza: en las calles el ruido se vuelve ineludible, y la fiesta, ajena, entra por las ventanas.

































