“El caso de las manifestación frente a la casa de la vicepresidenta no fue la excepción. El martes a la noche, mientras la manifestación fue pacífica, todos los que fueron a dar su apoyo pudieron hacerlo. Ahora, cuando hubo riesgo de violencia, intervinimos con un gran accionar de la Policía de la Ciudad que evitó que se enfrentaran grupos opuestos. A partir de eso, y a lo largo de los días, la situación se agravó. Lo que era una expresión de apoyo se convirtió en un acampe permanente con grupos que se turnaban para ocupar el espacio público con amenazas a vecinos, ruidos hasta la madrugada, gente subiéndose a los postes de luz, parrillas en la calle, fuegos artificiales y una alteración absoluta de la vida en toda la zona. Una cosa es una manifestación y otra cosa muy diferente un plan organizado de ocupación del espacio publico. Eso no lo podemos permitir.