-Lo que me importa enfatizar más es la debilidad y la perforación de la capacidad estatal, que siempre ha sido débil en América Latina porque ha tenido capacidades desparejas de llegar al territorio y han estado dominadas por lógicas más bien patrimonialistas de gestión, clientelismo, corrupción. Lo que estamos viendo en América Latina, y no solo en América Latina, es que el Estado se enfrenta con competidores que ofrecen a la gente alternativas de salida de lo público o de lo estatal como los mercados ilegales, las plataformas tecnológicas y las actividades económicas informales que empiezan a proveer sustitutos funcionales a los que antes podía generar el mercado legal y la institucionalidad estatal. En sociedades muy desiguales como las nuestras, los sectores medios y altos hace tiempo que se salieron de las prestaciones estatales como la educación, la salud y la seguridad, las privatizaron; mientras que los sectores populares que estaban tradicionalmente anclados a la política estatal hoy tienen opciones de salida, o no les queda otra que la salida ante la crisis estatal. Y es imposible pensar en la democracia liberal en ausencia de niveles mínimos de soberanía estatal y de monopolio sobre el poder, la coerción y la regulación de la actividad económica. Ese deterioro del Estado, más desde abajo, me parece un desafío sumamente relevante para la política democrática. Pensamos en la motosierra de Milei, en Elon Musk, gente que estructura proyectos para desmantelar el Estado desde arriba, pero creo que eso viene después de un tiempo largo en el cual nuestras sociedades han empezado a buscar salidas del Estado desde abajo también.