Pasaron las elecciones; la administración pública está quebrada, la inflación y la brecha del dólar siguen allí y la demanda social -con síntomas de hartazgo hacia la clase política- está latente por inseguridad, salarios bajos o desocupación. De las urnas surge un primer dato inapelable: Cristina no ocupa el centro de la escena; ella ya no encanta electores y arrastró al PJ a perder el quórum (mantiene la primera minoría) del Senado nacional, como nunca sucedió desde 1983.

































