- En la política hay que tener la sabiduría para decir "si yo quiero dar una vuelta más de tuerca, esto se rompe". Hay que dar todas las vueltas de tuerca posibles, y la sabiduría está en saber en qué punto parar. Si yo no paro, el juguete se rompe. Hay que darle toda la cuerda posible, pero no más. No sé si esa es una capacidad con la que se nace o no, se tiene, se entrena, como todo en la vida. Pero es muy importante. A eso en la Convención Alfonsín lo tenía, porque había padecido seguramente lo que para él habían sido algunos errores. Y lo tenía muy claro Eduardo Menem: "Ésto es hasta acá, hasta acá podemos llegar". Si tensamos más, se quiebra, en un marco de inestabilidad, que claramente no es el de hoy. Hoy la gente puede estar muy en desacuerdo con la política, con la democracia, pero nadie dice que la solución va a ser un gobierno militar. En 1994 llevábamos apenas 10 años de democracia, y con mucho conflicto en el medio, con mucha asonada y mucho levantamiento militar, con leyes de Punto Final y amnistías. Es decir, con un proceso muy convulsionado. Entonces había que saber hasta donde llegar, y esa fue una sabiduría que tuvieron todos. La izquierda, la derecha, el centro. Todos. Por eso a la Constitución en Concepción del Uruguay la juramos todos, porque todos estábamos de acuerdo en que ése era el documento que podíamos lograr en ese momento. Perfectible todo. Cuando yo lo veo desde el Derecho Constitucional, desde el libro, desde la academia, desde el claustro, pienso que si se hubiera podido hacer la casa con el terreno limpio, lo hubiera hecho distinto. Pero la casa ya estaba construida y había que reformarla, o sea que llegamos hasta donde podíamos llegar.