La denominada "Liga de Gobernadores" que hasta aquí aglutina casi exclusivamente a gobernadores peronistas, mantenía su reunión anunciada con anticipación en la sede del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Era el mediodía de una jornada otra vez signada por la incertidumbre económica y las versiones sobre los supuestos nuevos cambios en el gabinete nacional. Hasta allí, la deliberación de los mandatarios, incluido el santafesino Omar Perotti que había desistido de participar de otros encuentros, transcurría sobre el análisis de las problemáticas que le son comunes a todas las jurisdicciones. Dispar distribución de los subsidios para el transporte y otros servicios, obra pública con un horizonte que comienza a complicarse, delicada situación social… Ésos eran los temas que constituían parte de la agenda. Hasta que les llegó una convocatoria del propio presidente invitándolos a almorzar a la Casa Rosada. En los planes originales de los mandatarios no estaba previsto ese cónclave; en el mejor de los casos, habían imaginado que algunos de los mandatarios designados a modo de voceros, se acercasen a intentar hablar con Alberto Fernández. Pero frente a la invitación colectiva, los catorce mandatarios decidieron asistir. El almuerzo se convirtió en una ronda de cafés. Porque antes de concurrir y atentos a la invitación presidencial, los gobernadores decidieron continuidad el debate entre pares y concentrar el análisis en la actual coyuntura económica y social del país. Ése sería el eje del planteo que minutos después le trasladarían al presidente.


































