El recrudecimiento de la violencia en Rosario con hechos inusitados y de crueldad extrema causó conmoción social y política. La ciudad se paralizó en términos literales; no hubo taxis, colectivos ni escuelas. Una foto de pandemia, aunque se evitó establecer formalmente algún tipo de restricción en la circulación. La actividad comenzó a normalizarse con el correr de los días, pero el temor que sigue condicionando la vida cotidiana, no desapareció.


































