En cada una de sus conferencias, Daniel Fernández Strauch dirigía al auditorio un mensaje esperanzador, así como valorizaba la solidaridad, el liderazgo y el trabajo en equipo, como base indispensable para cualquier cometido. “Cualquier persona normal, cuando se enfrenta a situaciones inesperadas o extremas, conoce sus verdaderas posibilidades, porque se trata de fuerzas desconocidas que anidan en su interior. A veces, cuando la mano viene complicada, bajamos los brazos y nos rendimos, pero siempre se puede un poco más. Los límites los fijamos antes, pero siempre se pueden correr. Muchos me dicen que en esas condiciones, con noches de 40 grados bajo cero, ellos no hubieran soportado tanto tiempo, pero yo les digo que tendrían que haber estado ahí, aislados del mundo, solos ante la inmensidad, para demostrarse cuánto podían. También aprendimos a vivir sin nada -advierte-, y al mismo tiempo supimos que no se puede sobrevivir sin esperanza y sin amigos. Recuerdo, entre tantas anécdotas, que uno de los muchachos me ofrecía un billete de 100 dólares a cambio de un cigarro y yo, entre risas, le gritaba: ¿Para qué me sirve esa porquería?”.