La persona que no tiene hogar la mayoría de las veces no tiene ese problema solo. En muchas ocasiones no cuenta con ayuda familiar o de amigos y tampoco tiene un ingreso económico. Sobre esto, Echavarría explica: “A veces vienen porque circunstancialmente perdieron el laburo, no pudieron pagar más la pensión. La idea es que entren, paren la pelota, se estabilicen y después trabajarse ellos mismos. Ya sea para una salida laboral, para hacer un tratamiento de adicciones, para hacer capacitaciones”. En esta parroquia se cuenta con un aula para que adultos mayores terminen la secundaria en el EEMPA Papa Francisco. Algunos de los que se alojan en el refugio finalizan por estos días los estudios secundarios en este instituto. “Hay varios chicos a los que les falta la primaria y están haciendo la primaria para adultos en otro espacio. La idea es que hagan procesos de vida. No solamente asistirlos, sino que ellos sean protagonistas de esos procesos”, enfatiza Matías. “Generalmente el que llega tiene detonados todos los vínculos sociales y familiares -amplía-. Es un invisible para la sociedad. O es una persona crónica en situación de calle o ha perdido, por motivos que cada cual puede saber, relación con su familia, ha perdido su trabajo. La gran mayoría de los que ahora están viviendo en el refugio han sido gente crónica en situación de calle. Hay algunos casos que son de poco tiempo, de meses o semanas, pero también la situación socio-económica a veces juega en contra. Los alquileres, el tema de las changas”.