La mortalidad infantil continúa siendo uno de los indicadores más sensibles para evaluar el estado de salud de una población.
Las defunciones se concentran en el período neonatal y están asociadas, en su mayoría, a complicaciones perinatales, bajo peso al nacer y malformaciones congénitas. El rol central del sistema público de salud, que atiende casi 6 de cada 10 partos.

La mortalidad infantil continúa siendo uno de los indicadores más sensibles para evaluar el estado de salud de una población.
En Santa Fe, los datos correspondientes a 2024, incluidos en el informe anual Santa Fe Cómo Vamos, muestran una realidad que interpela tanto al sistema sanitario como a las políticas públicas: la tasa de mortalidad infantil se ubicó en 10 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos, un valor que supera la media provincial, estimada en 8,4.
El indicador cobra mayor relevancia en un contexto de marcada caída de la natalidad. Durante 2024, la ciudad registró una tasa de natalidad de 8,9 por mil habitantes, lo que equivale a unos 9 nacimientos cada 1.000 personas y consolida una tendencia descendente sostenida desde hace más de una década.
Menos nacimientos, pero con riesgos sanitarios persistentes, configuran un escenario complejo para la salud materno-infantil.
Uno de los datos más contundentes del informe es que la mayor parte de las muertes infantiles ocurre en el período neonatal, es decir, en los primeros 27 días de vida. En ese tramo, la tasa alcanza las 7,4 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos, mientras que la mortalidad postneonatal —entre los 28 días y el año— desciende a 2,6.
Esta distribución confirma que los principales riesgos están estrechamente ligados a las condiciones del embarazo, el parto y las primeras horas y días posteriores al nacimiento. No se trata, mayoritariamente, de enfermedades adquiridas más adelante, sino de complicaciones tempranas que requieren un abordaje integral desde la atención prenatal hasta el seguimiento neonatal.
Según el relevamiento de Santa Fe Cómo Vamos, las principales causas de muerte en menores de un año en la ciudad son el síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido, el peso extremadamente bajo al nacer, las disritmias cardíacas neonatales, las afecciones especificadas originadas en el período perinatal, las malformaciones congénitas múltiples y el síndrome de la muerte súbita infantil.
Estas causas explican buena parte de las defunciones y coinciden con patrones observados en otros centros urbanos, aunque con una incidencia que en Santa Fe se mantiene por encima del promedio provincial.
El informe pone especial atención en el bajo peso al nacer como un factor de riesgo clave. En 2024, el 10,4% de los nacidos vivos en la ciudad pesó menos de 2,5 kilos, una condición que incrementa significativamente las probabilidades de complicaciones respiratorias, infecciones y fallas orgánicas en los primeros días de vida.
El peso extremadamente bajo al nacer aparece, de hecho, como una de las principales causas directas de mortalidad infantil. A este factor se suman las afecciones originadas en el período perinatal, un grupo amplio que incluye complicaciones durante el embarazo, el trabajo de parto y el nacimiento, así como problemas en la adaptación del recién nacido a la vida extrauterina.
El síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido lidera la lista de causas específicas, lo que refuerza la importancia de contar con servicios de neonatología equipados y con capacidad de respuesta inmediata, especialmente en los efectores públicos, donde se concentra la mayor parte de los nacimientos.
Otro dato estructural que aporta el informe es que el 59,4% de los partos en la ciudad de Santa Fe se realizaron en efectores públicos de salud durante 2024, frente a un 40,4% en instituciones privadas.
Esto significa que casi seis de cada diez nacimientos dependen directamente del sistema público, que absorbe la mayor demanda y, en consecuencia, también enfrenta los cuadros más complejos desde el punto de vista social y sanitario.
La centralidad del sector público en la atención materno-infantil obliga a mirar la mortalidad infantil no solo como un problema médico, sino también como un indicador de equidad y acceso a servicios de calidad.
En este marco, el informe también señala una elevada proporción de partos por cesárea: el 63,5% de los nacimientos se resolvió mediante intervención quirúrgica, mientras que solo el 36,5% fue por parto vaginal.
Si bien el documento no profundiza en las causas de este fenómeno, el alto porcentaje de cesáreas forma parte del contexto sanitario en el que se producen los nacimientos y las primeras complicaciones de salud.
La mortalidad infantil se inscribe, además, en un perfil epidemiológico más amplio. En 2024, las enfermedades infecciosas y parasitarias se consolidaron como la principal causa de muerte en la población general de Santa Fe, representando el 29,3% del total de defunciones.
Aunque este dato impacta especialmente en los adultos mayores —el 77% de las muertes se concentra en personas de más de 70 años—, las infecciones también aparecen señaladas como causas reducibles que afectan la supervivencia en los primeros años de vida.
El informe destaca que la tasa general de mortalidad de la ciudad alcanzó los 8,6 fallecimientos por cada 1.000 habitantes, con un aumento interanual del 6,8% en el total de defunciones. En paralelo, la baja natalidad hace que el crecimiento natural de la población sea mínimo, un fenómeno que algunos especialistas definen como “invierno demográfico”.
El informe completo




