La esperada misión de la OMS en Wuhan para investigar el origen del virus ha acabado, casi, como empezó. Con una enorme expectación, con situaciones accidentadas –en este caso, una rueda de prensa confirmada solo poco antes y cuya hora de comienzo nadie tenía muy clara-, y casi con los mismos interrogantes. Ha descartado como “extremadamente improbable” la teoría de que el patógeno pudo salir de un laboratorio de esa ciudad china, un planteamiento defendido por el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, pero que muchos científicos habían desacreditado. Ha corroborado el paso del coronavirus de un animal al ser humano a través de una tercera especie como hipótesis “más probable”. Ha obtenido nuevas informaciones. Pero continúa lejos de encontrar una respuesta definitiva.

































