La temporada suma nuevas internas y reconfigura jerarquías en La Quebrada, con figuras que empujan el conflicto hacia un terreno más violento.
Se estrenó este viernes la segunda temporada de la serie producida por Netflix y Underground: La Quebrada reaparece con un poder más crudo, bandas renovadas y alianzas obligadas que reescriben las reglas del penal.

La temporada suma nuevas internas y reconfigura jerarquías en La Quebrada, con figuras que empujan el conflicto hacia un terreno más violento.
Este viernes se lanzó a nivel global la segunda temporada de la serie creada por Sebastián Ortega, que amplía el universo carcelario femenino con una nueva etapa en La Quebrada, donde cambian los liderazgos y el conflicto escala.
El punto de partida vuelve a tener a Gladys “La Borges” en el centro. Interpretada por Ana Garibaldi, arranca afuera, intentando sostener una vida precaria como exconvicta mientras cría a su nieto; pero la falta de horizonte la empuja a delinquir otra vez y regresar al penal con una nueva condena.
Adentro, el terreno es otro: nuevas bandas se imponen por la violencia y aparecen formas más complejas de delincuencia organizada. En ese tablero, La Borges tiene que reconstruir vínculos y, sobre todo, escalar en una disputa de poder que ya no responde a las lógicas de antes.
El control del penal queda bajo el clan Casares, con La Gringa como jefa indiscutida. El personaje está a cargo de Verónica Llinás y se presenta como una líder sanguinaria, con séquito propio y acuerdos con las autoridades que le garantizan estatus de “presa VIP” y mando dentro y fuera de la cárcel.
La gran incorporación de la temporada es Nicole García, encarnada por Eugenia Suárez. Ex prostituta VIP, cae presa por una causa ligada a un cliente acusado de lavar dinero, y desde La Quebrada busca sostener económicamente a su hijo. Para conseguir privilegios, queda atada a La Gringa como su “novia”, mientras mantiene un vínculo secreto que la expone.
En paralelo, La Zurda —interpretada por Lorena Vega— aparece debilitada: pierde su negocio online, queda sometida a los dictados del nuevo mando y intenta reagrupar a “sus chicas” en un penal donde los Casares marcan el pulso. El regreso de Gladys reaviva un respeto mutuo, pero también abre fisuras por agendas distintas.
Otra historia clave es la de Yael, personaje de Carolina Ramírez: tras entregar a su hija en adopción, cae en depresión, queda sola y se enreda en una relación con una presa de la banda de La Gringa, entre consumo y tráfico de drogas. La vuelta de Gladys la obliga a definirse y elegir de qué lado pararse.
El “quién es quién” se completa con Solita (Camila Peralta), que se acomoda al nuevo orden y entra al negocio que regentea La Gringa, hasta que un amor secreto la pone en riesgo; con Olga (Érika de Sautu Riestra), que monta su consultorio estético en la enfermería y atraviesa una crisis personal; con la directora del penal, Beatriz (Inés Estévez); y con Helena (Julieta Ortega), una reclusa enigmática cuyo motivo de condena se convierte en bomba cuando su verdad se conoce.




