La noche del 30 de mayo de 1981 en un departamento del barrio porteño de Belgrano se escribió una de las páginas más recordadas de la historia criminal argentina: el parricidio de los Schoklender. Pese a que la Justicia concluyó su investigación y condenó a Sergio y a Pablo por el asesinato de sus padres, Mauricio Schoklender y Cristina Silva, el doble crimen nunca terminó por ser dilucidado, en parte por las diferentes versiones que dio el mayor de los hermanos y el silencio sepulcral sobre el caso.

































