La escena parecía salida de una película nocturna: patrulleros detenidos en una esquina silenciosa, un sospechoso demorado en la vereda y, casi al mismo tiempo, otro hombre moviéndose por los techos, dejando rastros de sangre a su paso. Todo ocurrió en plena madrugada del martes, en el corazón de barrio Mariano Comas, a metros del microcentro santafesino.































