Apenas amaneció el jueves, Miriam llegó a la barbería de su hijo Alejandro, como de costumbre, para ayudarlo a preparar el local antes de la apertura. Pero esta vez, lo que encontró al pie de la reja de entrada la dejó helada: los barrotes estaban forzados y la puerta violentada. "Nos encontramos que nos faltaba todo, absolutamente todo", cuenta Miriam, con todo el dolor reflejado en su rostro.



































