C.A y R.I se veían algo diferentes entre ellos, no tenían mucho que ver a simple vista. El primero un hombre de 23 años, el segundo, de 50, dedicado al comercio minorista en los papeles, empleado gastronómico, ninguno de ellos con antecedentes penales. Estaban uno junto al otro, mientras observaban un poco nerviosos el movimiento a su alrededor en la esquina de Corrientes y Olleros en la tarde del jueves.



































