Nada hacía suponer en el pueblo que semejante historia de terror estaba aconteciendo. Sin embargo, las alertas se encendieron unos cinco meses antes de conocida la saga. “En el campo de Schneider se encontraron restos humanos pertenecientes a una criatura de pocos días. La policía efectuó una serie de investigaciones que no dieron resultados. Se habló un tiempo, la gente de Nelson diose a tejer historias, no sin mirar la casa de Argüello, pero no pasó de allí. En el ánimo de las gentes estaba que aquel hombre callado, alcoholista, y retraído, temido por todos, era un tipo de averías, y para no tener trato con él nadie dijo a la justicia sus pensamientos”, contó El Litoral el 26 de octubre de 1929.