Redacción de El Litoral
“Nadie habla de los tres tiros que tenía mi cliente”, ni del lugar “donde secuestraron el arma”, reclamó el Dr. Iván Leguiza, a cargo de la defensa de Darío J. Gaitán.

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Los alegatos finales en el juicio oral y público que se sigue contra Darío Jesús Gaitán, acusado de matar a un hombre y herir a su hijo, tres años atrás en Sauce Viejo, continuará mañana con los alegatos finales. Allí, su abogado defensor, Iván Leguiza, tratará de desmontar la acusación fiscal -que adelantó que pedirá 25 años de cárcel-, y le reclamará al tribunal que en caso de ser condenado lo sea por el “exceso en la legítima defensa”.
Ayer concluyeron las testimoniales que estaban prevista para el juicio que comenzó este martes en la Sala N° 1 del subsuelo de los tribunales locales y que está a cargo del tribunal pluripersonal que integran los jueces Luis Octavio Silva -presidente-, Susana Luna y Héctor Candioti.
En total, fueron 16 las personas que estuvieron frente al estrado, la mayoría de ellos policía, peritos y forenses, a excepción de dos testigos propuestos por la defensa y dos de los sobrevivientes de la balacera que terminó con la vida de Héctor Raúl Romero, la noche del 12 de septiembre de 2014.
Postura del MPA
El hecho se produjo en inmediaciones de la Ruta Nacional Nº 11 y el pasaje Turquía de Sauce Viejo, como consecuencia de una pelea suscitada en la puerta de un kiosco, donde hay versiones enfrentadas de los motivos que ocasionaron el acto violento.
Gaitán llegó a juicio detenido, acusado por los fiscales Jorge Nessier y Cristina Ferraro, como autor penal de los delitos de “homicidio calificado por el empleo de arma de fuego” en perjuicio de Héctor Raúl Romero; y por el mismo delito en grado de “tentativa” contra su hijo Raúl Cruz Romero, que entonces tenía 17 años.
El martes, tras abrirse formalmente el debate, los fiscales adelantaron que pedirán que Gaitán reciba una condena de 25 años de cárcel, al entender que atacó a los Romero con la firme intención de matarlos y que si no logró su cometido en cuanto al hijo, fue gracias a la intervención de otros dos familiares que lograron frenarlo.
Defensa propia
Por su parte, el abogado Iván Leguiza introdujo en el juicio otra versión, que fue ampliada al detalle por el propio Gaitán, que declaró que actuó en defensa propia, pero negó haber ido armado al lugar, en tanto que quienes ahora resultan víctimas (los Romero) sí lo estaban.
“Nadie habla de los tres tiros que tenía mi cliente” cuestionó Leguiza, detallando que recibió “uno en la cabeza, otro en la clavícula y otro en la espalda”. Es más. “el médico declaró que él estaba inconsciente” cuando lo trasladaron desde Sauce Viejo al hospital Cullen y que las heridas no concuerdan con las declaraciones de dos de los testigos-protagonistas (el hijo y el hijastro de Romero), quienes ayer dijeron que “le dieron trompadas y patadas, nada más”.
Ambos testigos (Romero hijo y Piris), “dijeron que casi los matan por una motoguadaña” y presentaron a la víctima como “un simple jardinero, pero no era así”, afirmó el abogado de Gaitán. “Que mi cliente le quiso robar una motoguadaña me parece ridículo”, sobre todo cuando está acreditado que “tenía trabajo pintando piletas con el tío, alquilaba una quinta en Sauce Viejo y tenía su moto, su auto y ganaba bien”.
El arma homicida
Además, el abogado se preguntó por el arma homicida, que fue hallada por la policía “afuera de la casa de uno de los Romero”. “Mientras mi cliente estaba tirado en la ruta, la pistola Tanfoglio secuestrada fue escondida por los Romero. Mirá si mi cliente va a ir a dejar la pistola en la puerta en el estado en que se encontraba”, razonó el defensor.
Por otra parte, agregó que “la pistola que se disparó es la que estaba a la vuelta, en la casa de los Romero” y “se corresponde con las casquillos levantados en el lugar del hecho”.
En base a lo descripto, la defensa de Gaitán adelantó que planteará “la incongruencia entre la calificación legal y la pena solicitada” por la fiscalía; sobre todo teniendo en cuenta que el año pasado, en un fallido intento por cerrar un juicio abreviado, habían acordado una condena de 11 años de cárcel para Gaitán, que éste finalmente rechazó ante el juez. “¿Qué cambió desde el año pasado?”, se preguntó el Dr. Leguiza, quien asegura que “desde el punto de vista objetivo no se entiende”.
Por último, destacó que “no estamos negando que el hecho ocurrió, pero no como dijeron desde la fiscalía, sobre todo si tenemos en cuenta que mi cliente tiene tres disparos de arma de fuego”, reiteró, y cerró diciendo que de ser condenado pedirá que lo sea “por homicidio pero en exceso de la legítima defensa”.
Por una cerveza
“Vengo a explicar en el nombre de Jesús cómo fue la verdad, más allá de lo que diga la fiscalía o la prensa”, dijo el martes Darío J. Gaitán, en el primer día de juicio oral. El hombre de 32 años, dio su versión de lo ocurrido aquella noche en el barrio Altos del Sauce.
Recordó que fue a cobrar un trabajo que había hecho con su tío pintando piletas, que pasó la tarde en el río con su mujer y sus hijos y que al regresar se puso a lavar el auto hasta que salió con su hijo de 10 años en la moto, a comprar pan y un jugo al kiosco que está cerca de la quinta en la que estaba alquilando.
“Cuando llegué al negocio había cinco o seis personas ebrias” -dijo-, de los cuales uno lo increpó para que le pagar auna cerveza. La negativa a invitarlos un trago y la escalada en el hostigamiento llevó a Gaitán a dejar su hijo en su casa y volver a hacerles frente. “Si no me traés la plata te voy a buscar, ya sabemos dónde vivís”, le habrían dicho.
“Estaba muy enojado. Yo no tenía armas, el arma que había en mi casa era de mi mujer que es policía. (...) Yo fui a golpearlos, no a llevarles la plata ni nada. Estoy entrenado, no eran rivales para mí. No fumo, no bebo, no me drogo y ellos estaban ebrios. No necesitaba un arma”, aseguró.
Luego se produjo lo que ahora es materia de debate. Según la versión del reo, “me apuntan con un arma, le agarro la mano, y empezamos a forcejear y el arma se empezó a disparar. Yo estaba lleno de sangre, no podía ver nada”, se excusó.




