“Ya no se puede confiar en nadie”, dicen en el barrio cada vez que un episodio de estas características pone en jaque la camaradería del buen vecino. Ocurrió este miércoles, en un local de ventas de quinielas de la Recoleta santafesina, cuando un cliente conocido aprovechó una insólita circunstancia para apoderarse del celular de la dueña del comercio.



































