Mientras tanto, los hijos han tomado la batuta en su propia alfabetizacióin digital, "autoeducándose" fuera de la intervención de los adultos responsables, y crecen las dificultades en la atención y la concentración, las alteraciones en la alimentación y el sueño, el aumento de la agresividad y la disminución de la empatía, la ansiedad y la depresión, el aislamiento social, los inconvenientes para sostener conversaciones cara a cara, la inadecuada interpretación de los gestos y señales no verbales, el impedimento en el establecimiento de vínculos, y serias dificultades para autorregular la propia conducta por no lograr identificar y gestionar adecuadamente las emociones.