“ Los niños tenían que escribir una composición para leer ante sus compañeros y padres. Llegado el momento, y luciendo unos hermosos vestidos que la mamá les había confeccionado con una tela que había comprado para hacerse un vestido para ella, Mary y Laura se sentaron en sus lugares en el salón. Luego de las lecturas de varios compañeros, Laura pasó al frente, tímidamente, y parándose de frente a todos, desdobló la hoja de papel que tenía en sus manos. La miró abierta, tragó en seco y empezó a hablar, dirigiendo su mirada a los presentes y en escasas ocasiones regresándola al papel. Hablaba acerca de su madre (su hermana Mary había escrito acerca del padre) cuyo rostro, a poco de empezar a escucharla, evidenció claramente una mezcla de satisfacción por lo que su hija estaba diciendo y de vergüenza al darse cuenta de que eso no era lo que estaba escrito en el papel. Luego de las felicitaciones y los aplausos, salieron de la escuela. La familia se reunió al pie de la escalera y Laura se alejó, cabizbaja. Al percatarse de esto, la mamá fue tras ella.


































