Estaba claro que, si bien la idea era evitar una nueva derrota que podía alcanzar la peor campaña de la historia (1959) y hacer un gol después de diez fechas, el resultado de este último juego de local con el CADU no modificaría nada en el Mundo Colón. Del mismo modo que los incondicionales que fueron bajo el viento y la llovizna inicial al Cementerio de los Elefantes lo hicieron para ver a los colores de su vida y no al equipo que puso Medrán en campo.


































