De las lágrimas de emoción por los recuerdos a las carcajadas sonoras y abiertas por esas anécdotas inolvidables que cada uno llevará atesoradas en el rincón más preciado de sus corazones. Muchos de ellos conocieron un estadio que es muy distinto al que pisaron cada día de la semana para entrenar y cada domingo para defender los colores rojinegros. Algunos, como el caso del uruguayo Nilson Bertinat, porque el fútbol lo fue llevando por el mundo hasta que un día retornó a su tierra, aunque quiso que uno de sus hijos naciera en Santa Fe y él mismo eligió esta ciudad para hacer su vida. Otros, porque lamentablemente sufrieron el injusto e imperdonable castigo del olvido. Por eso, esta invitación que estuvo pergeñada desde la idea por Gustavo Ripke y el Bambi Aráoz, que tuvo mucho eco y predisposición en la actual dirigencia (José Pisarello, el secretario coordinador, trabajó palmo a palmo con ellos), más el aporte organizativo de mucha gente que posibilitó este reencuentro de glorias sabaleras.


































